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Relato de un nacimiento

Martes para miércoles, de madrugada. Corrían ya las 41 semanas + 4 días. Ese lunes habíamos tenido un eco doppler con un idiota que nos maltrató y me trató como una mami pelotuda. Fue demasiado y explotamos. La espera, las ansiedades propias y de familiares y amigos, que no nos daban respiro, hicieron estragos en mi salud emocional y en la de Novio también. Ese lunes a la tarde decidí cortar el teléfono de casa, dejar de leer mensajitos, poner el celu en silencio perpetuo y borrarme de las redes sociales hasta que el niño se decida a nacer. Ya no aguantaba más.

Martes 23/7 para miércoles 24/7, decía. Me levanto de madrugada en uno de mis recurrentes viajes al baño y noto que algo cae. Con un solo ojo abierto (si abro los dos me desvelo) miro y a simple vista no veo nada. Me vuelvo a dormir. Empiezo el día de lo más normal pero alrededor del mediodía empiezo a darme cuenta que estaba mojando demasiado la bombacha. Sin olor, sin color. Llamo a la obstetra (de ahora en más, Ale) y le cuento. Quedamos en que viene a casa tipo 16 hs y me revisa. Le aviso a Novio y se va de la oficina para poder estar también cuando llegue Ale. Llega Ale, atrás Novio. Me revisa. Tres de dilatación, estoy perdiendo el tapón muy de a poquito y hay una minimísima fisura de bolsa. Ale me dice que la partera estaba viniendo también (de ahora en más, Miriam).

Pasa un rato y estamos Miriam, Ale, Novio y yo sentados a la mesa del comedor, charlando. Ale me plantea que es un poco al pedo seguir esperando. Ya está todo dado, el camino está preparado, el pibito está cocinadísimo. Falta que se desencadene el trabajo de parto nada más. Como ya habíamos hablado antes, me dice que está la opción de ayudar a que empiece todo tomando un poquito de una prostaglandina por vía oral. El metabolizarla iba a hacer que mi cuerpo vaya entendiendo, de a poco, que tiene que empezar a liberar oxitocina para que empiecen las contracciones. Quedamos en que me deja la pastillita, partida al medio. El plan era tomar media el miércoles a la mañana temprano y a partir de ahí ir hablando.

Esa noche cenamos rico. Brindamos por nuestra última noche solos y nos vamos a dormir. Por supuesto que no dormí un carajo… El miércoles teníamos que levantarnos tipo 7 hs porque venía la chica que nos ayuda con la limpieza. Habré dormido 3 horas, con toda la furia.

A eso de las 9, 9:30 hs. me mando media pastillita. EMOCION!

Tipo 11:30 hs empiezan unas contracciones suaves, casi placenteras. Pienso: “Bah, esto son las contracciones? Está todo bajo control.” ILUSA! Venían cada 20’, cada 30’, cada 40’, cada 10’. Me meto un rato en la bañera. Hago cartelitos con afirmaciones positivas. Hablo con Miriam y nos manda a caminar a algún parque. Qué paja… Allí vamos.

Al volver del paseo empiezan a ser más regulares, a doler bastante más y a venir cada 10’. Hablo de vuelta con Miriam y quedamos en que viene Ale en un rato. Tipo 20 hs llega Ale. Tacto. Entre 5 y 6 de dilatación. “Bueno, calculo que en el transcurso de la noche, madrugada, este chico llega. Vayan a dar una vueltita y traten de descansar. Yo me voy y volvemos a hablar en unas horas”. Otra vez a pasear… Maldición.

Volvemos del paseo con una porción de fritas, vacío y pollo a la parrilla. Brindamos una vez más por, ahora sí, nuestra última noche solos y nos acostamos. Imposible dormir con contracciones cada 10 minutos. Novio ronca. Ya voy por mi segunda noche casi sin dormir.

Tipo 1 de la mañana del jueves 25 empiezan a venir cada 5’. Novio llama a Miriam. Viene Miriam. Tacto. Entre 6 y 7 de dilatación. Todavía falta. WHAT? Basta! Miriam se tira a dormir en el sillón. “Intenten dormir”. Si, claro… Me quedo retorciéndome en la cama. Novio ronca.

Alrededor de las 6 de la mañana del jueves me duermo. Me despierto 7 y pico como si nada. No más contracciones. EH? Esto puede pasar? Desconcierto generalizado. Llega Ale tipo 8 am. Las dos me mandan a hacer laburo de introspección a ver por qué no quiero largar a este chico. Las odio un poco, sinceramente. Nos vamos a desayunar, dicen. Salgan a caminar y nos vemos de vuelta en dos horas. Otra vez a caminar? Basta de caminar!!! Mi mal humor ya picaba en rojo. Rompo papeles. Novio me da una camisa manchada y la rompo también. Grito que al final soy un culo fruncido y me hago la liberal y nada. No soy liberal una mierda y ni siquiera puedo abrirme de piernas para parir a este chico que no soporto más adentro. Volvemos de caminar. Volvieron las contracciones pero son irregulares. Vuelven Ale y Miriam. Son las 11 de la mañana del jueves 25.

Me plantean tres opciones. 1) Esperar. 2) Tomar media pastillita de la que me quedó (o sea ¼) y esperar. 3) Tomarme toda la pastillita que quedó y prepararme para el estallido. VOT 3. No aguanto más. Nos vamos a almorzar y volvemos en un rato, dicen.

Y a partir de acá todo empieza a ser medio confuso. Recuerdo meterme en la bañera una vez más. Recuerdo quedar agarrada del marco de una puerta y gritar fuerte, muy fuerte. Llorar del dolor. Buscar posiciones para que duela menos, sin éxito. No aguanto más. No aguanto más! Novio siempre al lado mío pero no lo veo. Casi no abro los ojos.

Vuelven. Tacto. “Tenés casi 9”. Mientras sigo en la bañera con los ojos cerrados escucho movimientos en la casa. “Poné el banquito de parto acá” “Prepará la cama con el plástico abajo” “Llamalo a Mario (el neonatólogo) y avisale”.

Salgo de la bañera.

– Querés pujar?
– NO SE!
– Bueno, probemos

Pujo con la garganta, con las piernas, con el pecho. Grito, lloro. Esto no me gusta una mierda!!

– Dale que va a nacer tu bebé!
– Ya sé pero me duele mucho!!!!

Me voy al banquito de parto. Ayudame, Novio. Se me clava la madera en el culo. No me gusta. Volvamos a la cama. Un par de pujos más. Los monitoreos entre contracción y contracción dan bien. Pibito se la recontra banca.

– Dale! Venís re bien!
– No puedo máaaaaaas! No tengo fuerza! Me duele demasiado!
– Daleeeeee
– NOOOOOOO. Estoy agotada!
– Bueno, nos vamos a la Trinidad, a ver si con una epi suavecita podés pujar mejor?
– SIIIIIIIIIII

Revolución. Agarrar bolsos. Me visto. Me pongo cualquier cosa. Me miro en el espejo. Soy un monstruo despeinado. Me chupa un huevo. Salimos. Bajo con Novio en el ascensor. Se para en el 4to piso. Sube un vecino, fuck! Me mira. Lo miro. Pone cara de asustado pero no dice nada. Esperamos abajo. Bajan Ale y Miriam. Subimos todos al auto de Ale. Hay un asiento para bebé. Vamos apretados. Yo casi que no abro los ojos.

Vamos camino a la Trinidad. Zarpada contracción justo cuando cruzamos las vías del tren. LA RE PUTA MADRE, COMO PUEDE DOLER TANTO?!?! Abro los ojos y veo la esquina de Cabildo y Juramento. Gente que cruza. Un grupito de teenagers que va ríendose me mira. Quizás un poco se asustan. Me parece muy loco lo diferente de nuestras situaciones en ese preciso instante. Vuelvo a abrir los ojos y pasamos el viaducto Carranza. Falta poco. Los abro de nuevo y llegamos. Nos bajamos Miriam, Novio y yo. Ale se va a estacionar. Al otro día nos enteraríamos que en la locura del momento dejó el auto en el estacionamiento de un telo y se fue corriendo al grito de “ es una emergencia!” Parece que después le cobraron como si hubiera tomado un turno. Al final creo que le salió más barato que si lo hubiese dejado en un estacionamiento posta.

Trinidad de Palermo. Novio se va a hacer el ingreso. Miriam se va a vestir. A mí me lleva no sé quien a no sé donde para que me cambie también. Sala de partos. Dónde mierda está el anestesista? Me sigo retorciendo del dolor. Espero que en algún momento me pase eso de sentir ganas de pujar pero no me pasa nunca y sólo puedo fruncirme toda en cada contracción. Recuerdo haberme dicho hace unas horas que era un culo fruncido y prometo trabajar conmigo misma al respecto una vez pase todo esto. Llega Novio. Llega Ale. No me acuerdo si en ese orden. En algún momento también llega Mario. Novio pregunta cuánto tengo de dilatación. Ale le dice que ya dilaté completamente hace un rato. Después me dice a mí que intente algunos pujos antes de que venga el anestesista. Yo no quiero saber nada. Se me acerca Miriam y me agarra de la mano.

– Abrí los ojos Florcita. Correte del dolor. No dejes que te maneje.
– No pueeeeedoooooo.
– Dale, mirame. Mirame a los ojos. Vos querías esto mi amor. Intentálo. Querés un parto natural.
– Eso porque no sabía que me iba a doler tanto!!!!

Ale me dice de vuelta de intentar pujar. Bueno, ok. En la próxima contracción pujo con todas mis fuerzas. Bien! Está re abajo ya, me dicen. Creo que me cagué un poco. El monitoreo sigue dando bien. Con la siguiente hago otro pujo más. Descubro que mientras pujo duele un poco menos, pero igual no doy más. Ale me dice que el bebé no puede estar mucho tiempo más ahí donde está. Eso qué significa? Quiero verlo y que se termine esta tortura.

Llega el anestesista. Escucho música celestial en mi mente. Lo hacen salir a Novio. Después me entero que es porque no aguanta más y quiebra. El catéter y la aguja en la columna son una caricia comparados al dolor de las contracciones. Empieza a hacer efecto la anestesia. Ahora sí. Ahora te pujo todo lo que quieras. Ahí vamos.

– Aaaaaarrrrrrgggghhhhhhhhhh! (pujo)
– Sí, dale! Buenísimo! Ya lo vemos! Ahí está la cabeza! Dale!
– Aaaarrrghhhh! (otro pujo más)

Monitorean. Epa. Eso suena diferente. Creo que se miran. O no. Se hace silencio.

– Florcita nos vamos a quirófano. Hay que sacar al bebé. Se cansó.

En el quirófano todo pasa muy rápido. Me explican cosas. Todos son muy amables. Están Ale, Miriam, Mario, Novio y algunas personas más. El anestesista es copado. Me dice que me va a dejar los brazos libres pero que no me mueva y que me va a dar más anestesia. Yo tiemblo. Por la anestesia, por los nervios, por todo. No me doy cuenta de que estoy agitada y Miriam me dice que está todo bien, que ya llega mi bebé, que me concentre en respirar profundo. Eso. Ya llega. Wow. Novio está a mi lado, creo. No entiendo nada. Siento cómo me zamarrean y me da mucha impresión.

– Ahí viene tu bebé!

Bajan un poco la tela y de repente lo vemos aparecer. Primero la cabeza toda alargada por el canal de parto, con cara de mal humor. Sus bracitos, el torso, el culo, las piernas. Ese es el pibito!! Al toque me lo apoyan encima. No lo puedo creer. Novio llora y lo saluda. Yo lloro, me río, le hablo. Qué flash… Es el bebé más lindo del mundo.

Finalmente llegó nuestro hijo. Acaba de empezar el resto de mi vida.

Se lo llevan Mario y Novio por 10 minutos que me resultaron eternos. Vuelve a mis brazos llorando y se calma cuando le hablo. Esto es magia. Al ratito ya está prendido a mi teta y no nos depegamos nunca más.

Nada de todo el proceso del parto fue como lo pensé. Nada. Es imposible imaginar algo tan intenso y tan diferente a cualquier otra cosa antes vivida. Jamás pensé que iba a terminar en cesárea. Sin embargo estoy en paz. Sé que di todo lo que pude dar. El proceso me pasó por encima. Me desarmó y me tiró mi supuesta desestructura, que a fin de cuentas es una estructura más, al carajo. Hay una lección de vida detrás de toda esta experiencia, pero aún no puedo ponerla en palabras. Ya podré.

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Y llegó nomás. La fecha que me dijeron esa primera vez que fui a un obstetra equis en San Martín porque la que yo quería estaba de vacaciones. La fecha que le comuniqué por mensajito a Novio, diciéndole: “vas a pasar tu cumple con Novia a punto de estallar”. Y pasó su cumple, el 12 de julio está terminando y pibito sigue adentro.

418_1intel_insideNo sé por qué, pero desde hace unos meses supe que esto iba a pasar. El pibito viene haciendo notar su carácter desde un principio y no nos iba a dar el gusto de adelantarse y dejarnos a todos contentos. No, señor. Él va a hacer lo que se le cante. Es por eso que, dentro de todo, me estoy tomando bastante bien que todavía no haya nacido. Lo que me mata es la incertidumbre. El no saber cuándo puede venir, cuándo puede empezar todo me en-lo-que-ce. ¿No entiende que yo necesito controlar? Le pedí que espere a que me mejore del esguince en el tobillo. Bien, esperó. Ya estoy casi 100% recuperada. Ahora, sumado al problemita que tengo en la encía, se me salió un arreglo. Para que me arreglen lo de la encía tengo que esperar sí o sí a que nazca porque necesito cirugía. Para el arreglo, no. Pero tampoco quiero pedir turno si no sé si voy a poder ir. No puedo hacer ningún plan porque NO SE CUANDO VOY A PARIR! Odio la incertidumbre. Juro que ahora entiendo un poco a las que se programan cesárea…

Por otro lado, no me puedo quejar de mi embarazo. No vomité ni una vez. Siempre me sentí bien, más allá de algunos bajones de presión en pleno verano. Pude darme el gusto de descansar y laburar a mi antojo. Cuando lo necesitaba y no cuando alguien me lo pedía. Estuve tranquila, relajada, super bien con Novio. Todos los estudios siempre dieron bien, etc. Ahora, este último mes es LA MUERTE. No puedo respirar. Me canso enseguida. Me da miedo salir a la calle y volverme a caer porque #torpeza. Si antes no me podía concentrar ahora directamente me bajó el coeficiente intelectual. Y este pibe que no sale y yo sigo morfando como si se acabara el mundo!! Cuándo se supone que venía esa parte en que por la panza no te entra mucha comida y bla bla? A mí nunca me pasó. Si este chico hubiera sido tan gentil de nacer en la 38, por ejemplo, habría terminado mi embarazo con unos lindos 14 kgs arriba. Super aceptable. Pero no. Vino el 9 de julio, el locro, los pastelitos y la puta madre que los parió. Ok. Quizás no me estoy tomando tan bien que todavía no haya nacido.

Hijo, si mamá o papá te hacen sentir que todavía no queremos que llegues quiero que sepas que es porque estamos cagados en las patas nada más. Tenemos miedo de no saber qué carajo hacer con vos, si vamos a saber cuidarte bien y si vas a ser feliz con nosotros. Creemos que sí pero a veces frikeamos. Te vamos a dar todo el amor del mundo, vamos a hacer las cosas lo mejor que nos salga y te estamos esperando. Queremos abrazarte y llenarte de besos hasta que ya no nos soportes más. Así que copate y vení pronto, si? Dale?

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The final countdown

Hoy cumplo 30 semanas. Me quedan 10. Empieza la cuenta regresiva.

Estoy haciendo cualquiera con el blog. No actualizo nunca y estoy tan a las corridas últimamente que ni tiempo tengo tampoco de comentar en los muchos blogs que sigo y me encantan, aunque sí las leo. Les pido perdón, querida tribu. Al menos hablo boludeces en Twitter y Facebook y no me borro del todo. Ahora entiendo a los muchos bloggers que en pleno auge se mudaron a Twitter para no volver jamás.

Tuve la muy brillante idea de llenarme de cursos, trabajo y cosas para estudiar en estas semanas que me faltan para que el tiempo pase más rápido. Hice bien? Probablemente no. Me estoy cansando bastante y el tiempo no me rinde. Igual, la onda es correr ahora y, las últimas 4 o 5 semanas, sólo dedicarme a esperar y alguna que otra cosa que surja de último momento.

Ante la ya más cercana realidad del nacimiento todos están empezando a caer. Incluso Novio, que el otro día quedó en la cama mientras yo fui al baño a lavarme los dientes, cara y demás para ir a dormir y cuando volví al cuarto me lo encontré mirando el techo con los ojos grandes diciendo: “VOY A SER PADRE, BOLUDA”.  Y sí. VAMOS a ser padres. Qué flash. Charlamos mucho sobre cómo va a cambiar todo. También discutimos porque considero que, a veces, no toma real conciencia de cómo nos va a cambiar la vida. La realidad es que yo tampoco lo sé con certeza. Uno puede imaginarse, prepararse lo más posible, pero saberlo, sólo lo vamos a saber cuando lo vivamos.

Mi panza está muy grande. Siento que no me di cuenta cuando creció. De repente un día me vi en una vidriera y tenía panzota. Me preguntan cuánto me falta y cuando digo 2 meses ponen cara de: “uy pobre, la que te espera”. Mátense todos.

En fin, quería contarles un poco por qué estoy tan desaparecida. La idea sería escribir un post por semana en estas últimas diez, así tengo un registro de cómo las voy viviendo, pero no prometo nada…

 

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28

Y llegamos a las 28 semanas. Siete meses, si se hace esa cuenta de que cuatro semanas son un mes. Cuenta que mucho no me termina de cerrar, porque el embarazo termina siendo de 10 meses y ya me pasé horas teorizando sobre esta cuestión con otras embarazadas y me da fiaca seguir. Empieza el tercer trimestre, digamos.

Mi panza ya tiene un tamaño considerable. Los colectiveros me dicen mami, me desean suerte y me cuentan de sus hijos. Me preguntan si es el primero y cómo le voy a poner y tratan de adivinar si es niño o niña. Las viejas me quieren tocar la panza, me cuentan cómo eran las cosas “en su época”, intentan aconsejarme (sin éxito). Se podría decir que recién ahora mi embarazo entró de lleno en el ámbito público. Hasta hace no mucho algunos pensaban que estaba gorda, gracias a que mi culo, muslos y caderas adoptaron dimensiones astronómicas.

De a poco todo se está volviendo más real y, sin embargo, todavía cada tanto tengo la sensación de que no caigo. De que no entiendo nada de lo que está pasando. Si hoy alguien me preguntara cómo me vengo sintiendo hasta ahora en el embarazo, mi respuesta más real y sincera sería alienada. Porque es así. Estoy feliz, estoy ilusionada, toda mi vida gira en torno a este pibito que hay en mi panza, pero igual, es todo tan raro! ¿Es normal lo que me pasa o ya soy una #malamadre desde antes de parir?

También, si me preguntaran qué sentimiento o sensación predomina hasta ahora, definitivamente sería la ansiedad. Hay tantas cosas de las que no tengo ni idea! Una de las que más me preocupa es cómo vestirlo. Me genera tanta pero tanta ansiedad el no tener suficiente ropa que no sé cómo todavía no soñé nada al respecto. La semana que viene me voy a Once de compras y reviento ahorros. Si eso compra mi tranquilidad, ya fue.

Querida tribu 2.0… Agárrense porque estos tres meses que faltan, voy a estar INSOPORTABLE.

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Pibito

Masculino

Sí. Pibito es pibito!! Hace años que sé, de alguna forma, que mi primer hijo iba a ser un varón. Sin embargo, una vez embarazada, lo soñé tantas veces como nena que había empezado a dudar. Ya en la TN nos habían dicho que parecía un pibito, pero la mina no se quiso arriesgar, así que tampoco lo dimos por confirmado nosotros. Tenía tantos pero tantos nervios en la sala de espera que me serví un vasito de agua del dispenser y me lo tiré íntegro encima. Silla, piso y yo. El resto de las parejas se reía por lo bajo y Novio limpiaba con papel higiénico el piso mientras con la mirada me preguntaba “Me podés explicar cómo hiciste?”. La recepcionista nunca se enteró. Por suerte, más allá del sexo, salió todo bien. Pibito tiene todo donde tiene que estar y todo funciona como debería. Al menos lo que el estudio puede determinar, como dice el informe. Estamos contentos y, de a poco, vamos cayendo un poco más. Aunque yo todavía no entiendo nada y a veces me olvido que, eso que siento en la panza, es un bebé. Quiero creer que es normal.

En otro orden de cosas, estoy con pintores en casa. La administración se dignó a mandar a arreglar las mil y un grietas y humedades de las paredes y techos del depto, así que escribo este post desde el colchón tirado en el living, hundido entre pilas de ropa, el tender, el sillón y la mesa del living. Divino todo… Lo positivo es que ligamos lavada de cara de arriba, pero quiero que se vayan ya!!!