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Hay días

Hay días en que me siento terriblemente sola. Generalmente son días en los que coincide el no tener casi laburo y que Novio tenga actividades variadas y llegue tarde a casa. Salir y ver gente no me ayuda, sólo lo acentúa. No sé en qué momento imaginé que el estar embarazada generaba un respeto o, aunque sea, una consideración especial en los demás. Habrá sido un error mío. Un error de idealista. O de egocéntrica? O de pelotuda sensible? No. El mundo sigue girando, la gente sigue corriendo, llevándote por delante y haciéndose la boluda cuando te subís a un subte lleno de gente. No importa.

Hay días en que el tema del laburo me supera. Desearía haber nacido con esa capacidad innata que tienen algunos para ser empresarios autogestionados exitosos. No es mi caso, no. Pienso cómo hacer para, al mismo tiempo, aumentar las ventas de mi pequeñísisima empresa de comida sana, empezar a venderme como diseñadora web aún junior, cosa para lo que me vengo preparando hace más de un año, y terminar mis estudios de asesora en dietética y nutrición natural antes de que nazca el pequeñito. El embarazo me quita la poca capacidad de concentración que ya de por sí tengo.

Hay días en que me planteo si este camino de la no relación de dependencia es lo que me conviene. O será que, siempre que laburé con jefes, me tocaron jefes tan pero tan idiotas que nunca tuve la posibilidad de realmente admirar o aprender algo de alguien con un cargo superior al mío. Quizás si hubiera podido admirar a alguien, las cosas hoy serían distintas. Quizás este es el camino correcto. Sí, así lo siento. Pero sé que hay determinadas cosas que tengo que hacer para poder crecer y ser más solvente que llevan tiempo, energía e inversión. Y no las puedo hacer ahora, cuando estoy a tres meses de parir.

Pero después lo siento que me patea, o que se mueve. O cuando me acomodo para dormir, cómo nos vamos moviendo los dos hasta que cada uno encuentra una posición cómoda y ahí sí, ya nos dormimos los dos. Y cómo poguea cuando su papá pone Pearl Jam. Pero sólo cuando Eddie canta, las partes instrumentales no le gustan mucho. O esos días en que está re tranqui, pero escucha la voz del papá y empieza a moverse como loco. Y pasan todas esas cosas y yo me muero de amor. Y pienso, está tan mal que lo que más me importe en este momento de mi vida sea gestar este bebé? Que todo lo demás sea secundario? Que todas esas preocupaciones que tengo se desvanezcan cuando lo siento? Así es la maternidad? Tengo que permitirme que sea así?

Y entonces hay días en que elijo dejar las preocupaciones de lado, elijo no pensar en cómo voy a hacer para rearmarme como individuo cuando este pibito llegue al mundo para partírmelo en dos y que ya nada vuelva a ser como antes. Elijo pensar que todo va a estar bien, que voy a poder, que vamos a poder, que él me va a guíar y que, si dejo de intentar controlar TODO, sola voy a ir encontrando de vuelta el camino.

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Pochita Morfoni

Hola hola! Cómo las trata el semi otoño? Yo soy feliz! Adiós, dolores de cabeza, adiós, sueño todo el tiempo. Hola, engordar 1 kilo por semana…

Me tiene un poco preocupada este tema… El otro día soñé que hacíamos gira de comidas por mis restaurantes preferidos. Casi 24 hs seguidas comiendo. Ay por Dios! Juro que saboreé todo lo que comía. Todo estaba buenísimo! Y nunca me llenaba, nunca. En el sueño me iba a dormir y al otro día aparecían los de Cuestión de Peso en mi casa, onda intervención, sin que yo supiera nada y al toque aparecía toda maquillada con cara de pánico y Claribel Medina que me preguntaba cosas. Cuando me desperté no sabía si reírme o llorar. Ese día me la pasé comiendo fruta y verdura. Después me olvidé.

Siempre fui de buen comer. De comer a la par de Novio, o de ir a un asado, que todos hayan terminado ya y que los únicos que seguimos pidiendo más seamos yo y un amigo de Novio que mide 2 metros. Sin llegar nunca a haber tenido problemas graves, sí sufrí bastantes desórdenes alimenticios desde mi niñez. De chica, tipo a los 8 años, pesaba lo mismo que antes de quedar embarazada, por ejemplo. La verdad es que en su momento mi familia intentó hacer lo posible para ayudarme, pero nunca se dieron cuenta que mi problema no era la comida en sí, sino que usaba la comida para tapar otras cosas bastante más profundas, como suele pasar en estos casos. Por eso, la mayoría de las veces con sus comentarios, lograban no sólo no ayudarme, sino más bien empeorar el problema. A eso de mis 13 años, me hice “señorita” (cómo odio esa expresión), me empezó a cambiar el cuerpo y yo dejé de comer. Del todo. Mi vieja me pedía por favor que comiera y me obligaba a terminarme aunque sea 1/4 de lo que me servía en el plato. Primero me decís que no coma y ahora me pedís que coma?? Por qué no se van todos bien a la mierda!? Bajé 15 kilos en pocos meses. A lo largo del primer año del secundario la cosa se fue normalizando, empecé a comer cada vez más y el problema medio que se disolvió.

Se disolvió, pero la comida siempre fue algo muy presente en mi vida. Tanto, que hoy trabajo cocinando e intento terminar una Asesoría en Dietética y Nutrición Natural a distancia que vengo pateando hace un par de años. La comida me apasiona. Amo cocinar, amo comer, amo juntar recetas, amo hablar de comida. Como verán, desde que tengo memoria y hasta el día de hoy, es una parte fundamental de mi vida.

Por eso ahora, que con 23 semanas de embarazo (5 meses y 3/4) llevo casi 7 kilos engordados y la balanza llegó a un número que jamás vi cuando estoy arriba, frikeo. Sé que no es tanto y que estoy dentro de lo normal, pero frikeo lo mismo. Temo terminar con 15 kilos arriba, después no poder bajar, que eso interfiera con mi maternidad, con mi sexualidad, con mi autoestima. No quiero ser una gordita puérpera! Mi obstetra dice que en general se engordan 20 kilos y yo la quiero matar. Le digo que no, que hay algunas que engordan sólo 9 y me contesta que esas son las que van a obstetras hombres, nazis de la balanza que nunca estuvieron embarazados y no saben lo que es querer comerte 2 docenas de facturas al hilo. La banco en su intento de tranquilizarme, pero no quiero engordar 20 kilos!!!!

Así que eso es, pretty much, lo que anda ocupando mi mente en estos días. Estoy un toque obsesionada, creo. Eso y que, por suerte, tengo bastante trabajo y me enganché a mirar Girls y a jugar un par de jueguitos que me tienen medio idiotizada. En algún otro post les contaré un poco más de mi vida laboral también, porque es otro GRAN tema.

Espero poder pasar más seguido a comentar y leer y espero que se me pase esta obsesión pronto y pueda seguir disfrutando. Besos!

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Del café, el cine y un par de emociones

Últimamente vengo con las emociones muy revolucionadas. El otro día, jodiendo, le decía a una amiga que hasta ver cómo empieza a hervir el agua para los fideos me emociona. No sé si es para tanto, pero casi. Vivo al borde del llanto. Del llanto de la emoción, no de la angustia, por suerte.

Hoy se nos vencían unos cupones que habíamos sacado para ir al cine por dos mangos y ayer decidimos usarlos. Fuimos a ver la de Tarantino, Django sin cadenas. Soy muy fan de las películas de Tarantino y, cuando hay alguna película en cartelera de algún director que me gusta, siempre voy a verlas sin leer reseñas ni nada. Quiero sorpresa. Ir al cine es algo que me encanta y disfruto muchísimo y, desde que supimos del pibito, debemos haber ido tres o cuatro veces. Hasta ahora nunca con panza crecida. Llegué un rato antes para cambiar los cupones y que no nos toque una ubicación de mierda y mientras hacía la cola pensaba que la última vez que habíamos ido al cine había dicho que, para la próxima, tenía que acordarme de algo. No me pude acordar qué era y cambié los cupones. Ubicación: fila del medio, asientos del medio. Joya…

Como me quedaban 45′ antes de que empezara la peli y tenía que esperar a Novio, me fui a merendar. Ya tenía hambre y la peli iba a terminar pasadas las 22 hs, así que una buena merienda era obligada. No tomo café casi nunca. No porque no me guste, sino porque la cafeína me pega mucho! Una taza de café cargado y quedo como Maradona en la época de Coppola y el jarrón. Zarpadísima. La gente no me cree pero juro que es cierto. Una vez se me ocurrió tomarme una Cafiaspirina plus porque había dormido dos horas y tenía que ir a laburar. A la noche no pude dormir y me pasé todo el día con taquicardia y apretando las mandíbulas. Espantoso! En fin. No quería tomar té porque siempre me da muchas ganas de hacer pis y la película duraba 2 horas 45′  (¿qué es esta nueva moda de hacer películas eternas?), así que me pedí un café con leche con tostadas. Merendé, llegó Novio y entramos al cine, previa parada al baño. No habían pasado ni 20 minutos que me agarraron ganas de hacer pis. Mucha gente de un lado, mucha gente del otro. Mochilas y cosas en el piso que nadie fue capaz de mover cuando entramos y me vieron hacer malabares para caminar con la panza sin caerme. Está bien que todavía no es muy grande, pero yo soy muy torpe, no la domino bien y todo el tiempo tengo miedo de caerme. Ahí me acorde lo que no podía acordarme antes!! “La próxima vez sacá pasillo, así si querés ir al baño en el medio de la película vas tranquila sin joder a nadie”. La re puta madre… Me aguanto. Ya fue.

A los dos minutos me empezó a pegar el café y no sólo a mí… Pibito empezó a bailar un tap desenfrenado en mi panza y no paró en ningún momento de esas 2 horas y 45 minutos. Siempre pataleando arriba de mi vejiga, claro. La película se me hizo eterna. Me la pasé sufriendo. Tenía sed pero no quería tomar nada porque iba a tener más ganas de ir al baño. Me hacía mucho pis. Me dolía la cintura. Se la pasaron cagándose a tiros, bien al estilo Tarantino, con explosiones de sangre y esas cosas. Y Pibito saltando. Todo el tiempo. Para colmo, la última hora, empecé a sentir un hormigueo en las piernas y que las zapatillas me empezaban a apretar. Ya me imaginaba en mi casa descalzándome y saludando a dos empanadas gallegas que solían ser mis pies. Fue tal cual. Terminó la película y salí eyectada del asiento. Lo dejé a Novio solo con mochila, cartera, saquito, me llevé gente por delante y llegué primera al baño. Seguro ahora hago un montón de pis. Cuatro gotas locas. POSTA? Grrrrr…

Volviendo en el taxi iba muda. Estaba re dura por el café, no sentía los pies y me sentía abatida, desilusionada. ¿Por qué?  Todo el camino me pregunté por qué. ¿Qué hice mal?

Llegamos a casa, puse los pies en alto y seguí con mis cavilaciones internas. Novio hablaba pero no sé qué decía. Me di cuenta que Pibito no se movía. No se movía y al tocarme la panza tampoco sentía el latido que siento siempre. PARA QUÉ… Empezó a la manija… “Y si la taza de café le hizo mal? Y si lo maté? LO MATÉ?! Quizás, como su corazón va tan rápido, se le aceleró todavía más por el café y le dio un paro!! Se podrá morir un bebé nonato por una taza de café? Tienen paros cardíacos? Encima recomiendan no tomar más de una taza por día. Yo tomé una taza pero quizás para mi organismo es como cinco! Y encima a veces tomo traguitos de vino! Si así cuido a mi hijo adentro de mi panza, qué voy a hacer cuando salga?!?! AAARRRRGGGHHH” Juro que todo esto es textual…

– Novio, el bebé no se mueve…

– Bueno, ¿no es qué no se mueve todo el tiempo? Quizás está durmiendo ahora, si se movió tanto durante toda la película.

– Mfgfgsdfsfghsdahgfasdfhg… (Traducción: cualquier cosa que me contestes va a estar mal)

Nos acostamos y a los 5 minutos lo sentí. Fiuuuuuuu… Alivio. Soy una pelotuda. Al toque Novio puso una canción en la compu de Andrea Echeverri que la escribió para la hija cuando la tenía en la panza. Nos pusimos a leer la letra juntos y me largué a llorar. Novio se cagaba de risa mientras me abrazaba y me preguntaba si poniendo AC/DC iba a llorar también. Choto.

Al rato me dormí y soñé toda la noche con tiros y sangre.

Ahora entiendo por qué no se ven muchas embarazadas en el cine. Nunca pensé que iba a ser toda una aventura…