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28

Y llegamos a las 28 semanas. Siete meses, si se hace esa cuenta de que cuatro semanas son un mes. Cuenta que mucho no me termina de cerrar, porque el embarazo termina siendo de 10 meses y ya me pasé horas teorizando sobre esta cuestión con otras embarazadas y me da fiaca seguir. Empieza el tercer trimestre, digamos.

Mi panza ya tiene un tamaño considerable. Los colectiveros me dicen mami, me desean suerte y me cuentan de sus hijos. Me preguntan si es el primero y cómo le voy a poner y tratan de adivinar si es niño o niña. Las viejas me quieren tocar la panza, me cuentan cómo eran las cosas “en su época”, intentan aconsejarme (sin éxito). Se podría decir que recién ahora mi embarazo entró de lleno en el ámbito público. Hasta hace no mucho algunos pensaban que estaba gorda, gracias a que mi culo, muslos y caderas adoptaron dimensiones astronómicas.

De a poco todo se está volviendo más real y, sin embargo, todavía cada tanto tengo la sensación de que no caigo. De que no entiendo nada de lo que está pasando. Si hoy alguien me preguntara cómo me vengo sintiendo hasta ahora en el embarazo, mi respuesta más real y sincera sería alienada. Porque es así. Estoy feliz, estoy ilusionada, toda mi vida gira en torno a este pibito que hay en mi panza, pero igual, es todo tan raro! ¿Es normal lo que me pasa o ya soy una #malamadre desde antes de parir?

También, si me preguntaran qué sentimiento o sensación predomina hasta ahora, definitivamente sería la ansiedad. Hay tantas cosas de las que no tengo ni idea! Una de las que más me preocupa es cómo vestirlo. Me genera tanta pero tanta ansiedad el no tener suficiente ropa que no sé cómo todavía no soñé nada al respecto. La semana que viene me voy a Once de compras y reviento ahorros. Si eso compra mi tranquilidad, ya fue.

Querida tribu 2.0… Agárrense porque estos tres meses que faltan, voy a estar INSOPORTABLE.

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Hay días

Hay días en que me siento terriblemente sola. Generalmente son días en los que coincide el no tener casi laburo y que Novio tenga actividades variadas y llegue tarde a casa. Salir y ver gente no me ayuda, sólo lo acentúa. No sé en qué momento imaginé que el estar embarazada generaba un respeto o, aunque sea, una consideración especial en los demás. Habrá sido un error mío. Un error de idealista. O de egocéntrica? O de pelotuda sensible? No. El mundo sigue girando, la gente sigue corriendo, llevándote por delante y haciéndose la boluda cuando te subís a un subte lleno de gente. No importa.

Hay días en que el tema del laburo me supera. Desearía haber nacido con esa capacidad innata que tienen algunos para ser empresarios autogestionados exitosos. No es mi caso, no. Pienso cómo hacer para, al mismo tiempo, aumentar las ventas de mi pequeñísisima empresa de comida sana, empezar a venderme como diseñadora web aún junior, cosa para lo que me vengo preparando hace más de un año, y terminar mis estudios de asesora en dietética y nutrición natural antes de que nazca el pequeñito. El embarazo me quita la poca capacidad de concentración que ya de por sí tengo.

Hay días en que me planteo si este camino de la no relación de dependencia es lo que me conviene. O será que, siempre que laburé con jefes, me tocaron jefes tan pero tan idiotas que nunca tuve la posibilidad de realmente admirar o aprender algo de alguien con un cargo superior al mío. Quizás si hubiera podido admirar a alguien, las cosas hoy serían distintas. Quizás este es el camino correcto. Sí, así lo siento. Pero sé que hay determinadas cosas que tengo que hacer para poder crecer y ser más solvente que llevan tiempo, energía e inversión. Y no las puedo hacer ahora, cuando estoy a tres meses de parir.

Pero después lo siento que me patea, o que se mueve. O cuando me acomodo para dormir, cómo nos vamos moviendo los dos hasta que cada uno encuentra una posición cómoda y ahí sí, ya nos dormimos los dos. Y cómo poguea cuando su papá pone Pearl Jam. Pero sólo cuando Eddie canta, las partes instrumentales no le gustan mucho. O esos días en que está re tranqui, pero escucha la voz del papá y empieza a moverse como loco. Y pasan todas esas cosas y yo me muero de amor. Y pienso, está tan mal que lo que más me importe en este momento de mi vida sea gestar este bebé? Que todo lo demás sea secundario? Que todas esas preocupaciones que tengo se desvanezcan cuando lo siento? Así es la maternidad? Tengo que permitirme que sea así?

Y entonces hay días en que elijo dejar las preocupaciones de lado, elijo no pensar en cómo voy a hacer para rearmarme como individuo cuando este pibito llegue al mundo para partírmelo en dos y que ya nada vuelva a ser como antes. Elijo pensar que todo va a estar bien, que voy a poder, que vamos a poder, que él me va a guíar y que, si dejo de intentar controlar TODO, sola voy a ir encontrando de vuelta el camino.